martes, 26 de enero de 2010

Los indiferentes

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No existía para él ni la fe, ni la sinceridad, ni la tragedia. En su aburrimiento, todo le parecía ridículo, falso, pobre. Pero comprendía las dificultades y los peligros de su situación. Era necesario apasionarse, moverse, sufrir, vencer aquella debilidad, aquella piedad, aquella falsedad, aquella sensación de ridículo. Era necesario volverse trágico y sincero."Que bello debe de ser el mundo - pensaba con irónica tristeza - cuando un marido engañado puede gritar a su mujer: `¡Mujer desvergonzada, paga con la vida el castigo de tus culpas!`, y luego encolerizarse, matar a la esposa, al amante, a los parientes, a todos, y quedarse sin pena y sin remordimiento; cuando al pensamiento sigue la acción: `Te odio`; ¡zas!, una puñalada, y he aquí al enemigo o al amigo tendido en el suelo, sobre un charco de sangre. Cuando no se piensa tanto, el primer impulso siempre es el mejor. Cuando la vida no es, como ahora, ridícula, sino trágica; cuando se muere de veras, cuando se mata y se odia, cuando se ama sinceramente, cuando se derraman lágrimas verdaderas por verdaderas desgracias, y todos los hombres están hechos de carne y hueso, y están arraigados a la realidad lo mismo que los árboles a la tierra...¡Qué bello debe ser!" Poco a poco, la ironía desvanecíase y quedaba sólo la añoranza. Le hubiera gustado vivir aquella vida trágica y sincera; hubiera querido sentir aquellos odios inmensos y destructores, elevarse con ilimitados pensamientos. Pero permanecía en su tiempo y en su vida, por el suelo.

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Extracto de "Los Indiferentes" de Alberto Moravia (Escritor Italiano 1907-1990)

1 comentario:

manuel dijo...

Lindo texto para hacer una cancion