Extracto de "El lobo estepario" - Hermann Hesse - Escritor alemán (1877 - 1962)
martes, 19 de octubre de 2010
El lobo estepario
Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.
martes, 12 de octubre de 2010
El deseo
Ya no puedo ni contar las veces que me sentí atacado por delirios introspectivos en los que fingí encontrarme, acercarme a nuevas verdades absolutas que me unían más al mundo y a los otros. Así lograba llevar el día a día, como lo hacemos todos, por la inercia de vivir.
Sin embargo esta noche algo cambió en mí drásticamente. Probablemente no haya sido un hecho concreto, sino la explosión de un proceso acumulado por la racionalización de tantas angustias. Pero toda proeza tiene un héroe, un momento cúlmine en el que todo lo anterior se redimensiona. En este caso, acaba de pasar. Por primera vez en mi vida atendí sinceramente a un profundo deseo interior. No lo cuestioné, no especulé con sus posibles consecuencias, no lo abrumé con falsa ética y moral, simplemente lo cumplí. Me escuché con atención, respeté mi voluntad y me entregué intensamente a la satisfacción de tal deseo embriagándome en él. Ahora sé que el cambio es irreversible, como un camino cuyas puertas se cierran para siempre una vez que son traspasadas. Es sólo cuestión de que el tiempo actúe en mí y me conduzca a lugares nuevos e irreconocibles para mi antiguo yo. Hoy, ya soy otro.
La Condena de Caín
Sin embargo esta noche algo cambió en mí drásticamente. Probablemente no haya sido un hecho concreto, sino la explosión de un proceso acumulado por la racionalización de tantas angustias. Pero toda proeza tiene un héroe, un momento cúlmine en el que todo lo anterior se redimensiona. En este caso, acaba de pasar. Por primera vez en mi vida atendí sinceramente a un profundo deseo interior. No lo cuestioné, no especulé con sus posibles consecuencias, no lo abrumé con falsa ética y moral, simplemente lo cumplí. Me escuché con atención, respeté mi voluntad y me entregué intensamente a la satisfacción de tal deseo embriagándome en él. Ahora sé que el cambio es irreversible, como un camino cuyas puertas se cierran para siempre una vez que son traspasadas. Es sólo cuestión de que el tiempo actúe en mí y me conduzca a lugares nuevos e irreconocibles para mi antiguo yo. Hoy, ya soy otro.
La Condena de Caín
martes, 28 de septiembre de 2010
La sombra maldita
Te escribo desde el infierno. Veo que tu salud no es buena. Entiendo que te mueva la auto-conservación. Deberías parar con eso de la mesura que tantas veces me nombras en tu carta. Querés encasillar todo en tu diagrama de mundo, tus probabilidades, el cálculo, la razón. A la vez, tus formas para esto son modositas, ordenadas y útiles. Pero no te preocupes. Por suerte todo no es un pensamiento. Te hago una recomendación: deberías dejar de actuar sólo por el pos, esa fábula moderna del porvenir. Sé que te aterra la imaginación del ocio, que sufrís el éxtasis, la violencia, la fiesta que derrocha, el puro gasto, el abismo más oscuro que la oscuridad. Hoy sólo sos para la acumulación. Te doy mi pésame. Creo que sin darte cuenta estás pervirtiendo la perversión.
Igual quedate tranquilo. Quiero que sepas que no voy a ser tu mierda útil. No puedo ser una mera función. Siempre voy a mear fuera del tarro. Soy tu sin sentido. Las lágrimas, la risa, lo imposible que se realiza. Soy el mal, la mosca que deambula putrefacta por tu jardín. Soy ingobernable, soy con angustias, guerras internas; soy un asesino. Me acompañan a mi lado lo milagroso, lo sensitivo y el azar. Con ellos voy a dinamitar tu racionalidad productiva. En fin: soy el caos primogénito, soy la única solución para tu enfermedad.
Igual quedate tranquilo. Quiero que sepas que no voy a ser tu mierda útil. No puedo ser una mera función. Siempre voy a mear fuera del tarro. Soy tu sin sentido. Las lágrimas, la risa, lo imposible que se realiza. Soy el mal, la mosca que deambula putrefacta por tu jardín. Soy ingobernable, soy con angustias, guerras internas; soy un asesino. Me acompañan a mi lado lo milagroso, lo sensitivo y el azar. Con ellos voy a dinamitar tu racionalidad productiva. En fin: soy el caos primogénito, soy la única solución para tu enfermedad.
Con cariño. Siempre corrupta, mentirosa y ácrata.
Tu sombra maldita
Pd: Vi la foto que me enviaste, pero tu grotesco maquillaje me asustó.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Domingo 10 de Octubre (Lunes feriado) - En "Marquee"
miércoles, 8 de septiembre de 2010
El impulso
Soy lo que se dice una persona impulsiva. ¿Cómo describirlo? Creo que es así: me viene una idea o un sentimiento y yo, en lugar de reflexionar sobre lo que me vino, obro casi de inmediato. El resultado es mitad y mitad: a veces sucede que actué bajo una intuición de esas que no fallan, a veces me equivoco por completo, lo cual prueba que no se trataba de intuición, sino de simple infantilismo.
Se trata de saber si debo seguir mis impulsos. Y hasta qué punto puedo controlarlos. Hay un peligro: si reflexiono demasiado dejo de actuar. Y muchas veces queda comprobado después que debería haber actuado. Estoy en un impasse. Quiero mejorar y no se cómo. Bajo el impacto de un impulso, ya les hice bien a algunas personas. Y, a veces, haber sido impulsiva me lastima mucho. Y más: no siempre mis impulsos tienen un buen origen. Vienen, por ejemplo, de la cólera. Esta cólera a veces no debería ser tomada en cuenta; otras como me dijo al respecto una amiga, es mi cólera sagrada. A veces mi bondad es debilidad, a veces es benéfica para alguien o para mí misma. A veces restringir el impulso me anula y me deprime; a veces restringirlo me da una sensación de fuerza interna.
¿Que haré entonces? ¿Deberé continuar acertando y equivocándome, aceptando resignadamente los resultados? ¿O debo luchar y convertirme en una persona más adulta? Y también tengo miedo de convertirme en demasiado adulta: perdería el placer de lo que es un juego infantil, de lo que tantas veces es alegría pura. Voy a pensar el asunto. Y por cierto el resultado vendrá también con forma de impulso. No soy muy madura todavía. O nunca lo seré.
Extracto de "Revelación de un mundo" - Clarice Lispector (Escritora Brasileña 1920-1977)
jueves, 2 de septiembre de 2010
Este Viernes 3 - En vivo en Circus (San Justo)
La Condena de Caín
Este Viernes 23hs
En "CIRCUS"
Florencio Varela 1998 (Frente a la Universidad de La Matanza)
San Justo
Provincia de Buenos Aires
domingo, 29 de agosto de 2010
Remo y la información
Preso de la información, que lo acecha en cada rincón que su corazón encuentra como escape, Remo sigue encerrado en la moral que le impide estar vivo. Es la eterna búsqueda de renacer de entre lo que para tantos actualmente es. La angustia lo moviliza imperceptiblemente aunque sus actos de “lucidez” lo dominan. Sin embargo, la realidad deja hendijas para que la locura tome el poder y penetre en Remo mostrándole los más horrorosos actos de verdad. Es entonces cuando su valor se ve más cruelmente amenazado. El terror se apodera de su conciencia y pudiendo dar un paso más, retrocede. La hendija se cierra tras de sí sin dejar rastro alguno de existencia. Ya habrá un nuevo momento para que su atrevimiento sea puesto en juego una vez más. Por ahora, Remo sigue eligiendo morir, Remo sigue eligiendo no elegir.
La Condena de Caín
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