martes, 26 de enero de 2010

Los indiferentes

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No existía para él ni la fe, ni la sinceridad, ni la tragedia. En su aburrimiento, todo le parecía ridículo, falso, pobre. Pero comprendía las dificultades y los peligros de su situación. Era necesario apasionarse, moverse, sufrir, vencer aquella debilidad, aquella piedad, aquella falsedad, aquella sensación de ridículo. Era necesario volverse trágico y sincero."Que bello debe de ser el mundo - pensaba con irónica tristeza - cuando un marido engañado puede gritar a su mujer: `¡Mujer desvergonzada, paga con la vida el castigo de tus culpas!`, y luego encolerizarse, matar a la esposa, al amante, a los parientes, a todos, y quedarse sin pena y sin remordimiento; cuando al pensamiento sigue la acción: `Te odio`; ¡zas!, una puñalada, y he aquí al enemigo o al amigo tendido en el suelo, sobre un charco de sangre. Cuando no se piensa tanto, el primer impulso siempre es el mejor. Cuando la vida no es, como ahora, ridícula, sino trágica; cuando se muere de veras, cuando se mata y se odia, cuando se ama sinceramente, cuando se derraman lágrimas verdaderas por verdaderas desgracias, y todos los hombres están hechos de carne y hueso, y están arraigados a la realidad lo mismo que los árboles a la tierra...¡Qué bello debe ser!" Poco a poco, la ironía desvanecíase y quedaba sólo la añoranza. Le hubiera gustado vivir aquella vida trágica y sincera; hubiera querido sentir aquellos odios inmensos y destructores, elevarse con ilimitados pensamientos. Pero permanecía en su tiempo y en su vida, por el suelo.

(...)

Extracto de "Los Indiferentes" de Alberto Moravia (Escritor Italiano 1907-1990)

martes, 19 de enero de 2010

Carta de Arthur Rimbaud

Carta de Arthur Rimbaud a Georges Izambard (docente suyo)

Charleville, [13] de mayo de 1871

Estimado señor:

De nuevo es usted profesor. Nos debemos a la Sociedad, me dice; usted forma parte del cuerpo docente: va usted por el buen camino. Yo también sigo el principio: me dejo mantener con total cinismo; desentierro antiguos imbéciles del colegio: les doy cuanto puedo inventar de necio, sucio, malo, tanto de palabra como de obra: me pagan en cervezas y en vinos. Stat mater dolorosa, dum pendet filius, Me debo a la Sociedad, es justo; y tengo razón. Usted también, tiene razón, por ahora. En el fondo, usted solo ve en su principio poesía subjetiva: su obstinación en volver al pesebre universitario —¡perdón!— lo prueba. Pero acabará como alguien satisfecho que nunca hizo nada, porque no quiso hacer nada. Sin contar con que su poesía subjetiva siempre será horriblemente insípida. Algún día, espero, — muchos otros también lo esperan—, veré en ese principio suyo la poesía objetiva: ¡la veré más sinceramente que usted mismo! Seré un trabajador: esto es lo que me retiene, mientras que la ira enloquecida me empuja hacia la batalla de París ¡donde tantos trabajadores siguen muriendo mientras le escribo! Trabajar ahora, nunca, jamás; estoy en huelga.

Ahora me encanallo cuando puedo. ¿Por qué? Quiero ser poeta y trabajo para convertirme en Vidente: usted no lo comprenderá nada, y yo no sabría explicárselo. Se trata de llegar a lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos. Los sufrimientos son enormes, pero hay que ser fuerte, haber nacido poeta, y yo me he reconocido como poeta. No tengo culpa alguna. Es falso decir: Yo pienso; se debería decir me piensan. Perdón por el juego de palabras.

¡YO es otro!.

¡Tanto peor para la madera que se cree violín, y a la mierda los inconscientes que ergotizan sobre lo que desconocen por completo!

Usted no es para mí Docente. Le doy esto: ¿es sátira, como diría usted? ¿Es poesía?

Sigue siendo fantasía. Pero, se lo ruego, no subraye ni con el lápiz, ni tampoco demasiado con el pensamiento:

(...)

Rimbaud

miércoles, 13 de enero de 2010

Gira Patagónica 2010

Concluida la visita a diferentes puntos de la Patagonia, una vez más, no queda más que agradecer a todos los que hicieron esta gira posible y a la gente que apoyó a la banda en cada una de sus presentaciones.
Hemos sido recibidos en la ciudad de Viedma para dos calurosos shows en los que ajenos y conocidos aumentaron la temperatura logrando que el mismo contagio nos una a todos en cada noche. Vale agradecer especialmente a la gente del teatro “La Higuera” por toda su calidez y respeto hacia toda expresión artística.
El siguiente destino fue la localidad de las Grutas donde en tres noches consecutivas el bar “La Qeva” le abrió sus puertas como destino obligado a todo visitante en busca la movida rock. No deja de sorprender lo bien recibida que es la banda ante una mayoría de público con total desconocimiento por nuestro arte y el interés que provoca mutuamente entre artista y público la búsqueda por la supervivencia y superación de una cultura contestataria, inquieta, que nos permita seguir escapando por los resquicios que deja todo lo establecido.
Destino final y único para nosotros, la ciudad de Puerto Madryn. Tan locales como en la Capital Federal, el diez de este mes, La Condena de Caín cerraba su gira patagónica con un show en “La Frontera” compartiendo escenario con “Inés Anís” y “Garage”, bandas de la ciudad a las cuales les agradecemos su música y generosidad para hacer de esa noche un ritual único aquí sí para mayoría de público esperando como todos los años la visita de la banda a la ciudad que vio nacer a la mitad de su esencia.
El círculo inacabable de oportunidades que nos brindó “Nuestra Negligencia Resulta Sospechosa” no se cierra ni cerrará en el futuro, pero las ansias de la banda por presentarles nuevo material es mayor al de ustedes por recibirlo. Esperamos en los próximos días poder ir adelantando temas de lo que será el nuevo album de la banda.
Una vez más, sólo agradecer a quienes nos permiten definir nuestra música, pensamiento, ideología…

La Condena de Caín

miércoles, 23 de diciembre de 2009

No sorprende tanto el fascismo como la estupidez

No sorprende tanto el fascismo como la estupidez. O tal vez nosotros, los jóvenes, debamos corregir el modo en el que demostramos nuestra propia estupidez. O encontrar un nuevo medio para estupidizarnos; un medio más autóctono, menos foráneo, menos relacionado con las drogas, el alcohol, algo bien, algo pro.
Si bien el ataque a la cultura rock parece menor comparado con la defensa de la represión y el accionar militar durante la última dictadura, no hay que olvidar que forman parte de una misma ideología. La cultura rock representó y representa para muchos un pilar de la lucha cultural contra lo establecido. Por lo tanto, no sorprende en lo más mínimo un ataque reaccionario a la misma; el ataque del gremio taxista radio diez, el ataque una clase media asustadiza, el ataque “cuando estaban los militares esto no pasaba”. Pero sí sorprende el ataque de un “intelectual”, de un “escritor”.
Pensar que la música rock en sí misma posee un poder mágico e hipnótico el cual nos vuelve contestatarios, revolucionarios, “trotskoleninistas”, “social-guevaristas”, demuestra una ignorancia tal que parece provenir de uno de estos programas farandulescos que en los últimos tiempos dicen representar el clarmor popular (como si ellos viesen en lo popular algo más que un número más en su abultado rating).
La cultura rock es el medio que millones de argentinos elegimos para canalizar nuestro disconformismo con, entre otras cosas, el sistema establecido, la injusticia siocial y gente como la que hacemos referencia en este escrito.
Quizás el error sea nuestro, quizás ya no deba sorprendernos nada, para así estar siempre alertas.
Los dinosaurios van a desaparecer, pero no sus hijos y nietos ideológicos y nosotros, hijos y nietos ideológicos de una cultura rock que se ve amenazada constantemente por la vorágine capitalista que se alimenta devorándolo todo, debemos protegerla más que nunca, para así no perder uno de los pocos canales que todavía nos permite gritar y ser escuchados.

La Condena de Caín

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Remo - Baco Capítulo V Final

Desbocado por la lujuria que le generaba el saberse dominador, Baco sostenía el brillante metal que apuntaba a la garganta de Remo. Indefenso, rendido ante lo inevitable, éste disfrutaba la cercanía del final. Un final que lo librase de las presiones que lo obligaban a luchar y lo empujara a la gloria de entregarse mansamente a su rival. Esta pasividad absoluta, este disfrute de la víctima por su propia dominación enfurecía a Baco aún más. Su ego se llenaba de rivales fuertes con ganas de vivir y de luchar por sus pensamientos. Esta sumisión inesperada le robaba su sed instintiva y lo reducía a la lógica de la razón.
Abrazado a la locura, intentó en vano una y otra vez que el resto de hombre que quedaba en el suelo se resistiera a su tortura. Cansado y a punto de perder su rabia inicial, levantó la espada y la clavó hondamente en el corazón de Remo.
Súbitamente, Baco sintió un fuerte dolor en el pecho que no le dejaba respirar.
El mismo ardor que crecía en Remo irrumpía también en su cuerpo como en una misma persona.Miró en los ojos negros de su oponente y se vio a sí mismo en una sufrida mirada que reconocía detrás de toda la lujuria que lo maquillaba habitualmente. Una mueca de angustia alcanzó su rostro al reconocer que no podía matar a una parte de sí mismo sin matar a la otra. Sus ojos, sumisos como nunca antes, se cerraron en compañía de su eterno enemigo.

La Condena de Caín

domingo, 11 de octubre de 2009

Baco - Capítulo 4

En un sistema perverso, para que unos hablen, otros tienen que callar; para que unos coman, otros tienen que sufrir de hambre; para que unos vivan, otros tienen que morir.
Baco siempre se consideró parte de los unos, merecedor de tal condición. Es más, un gran desprecio por los otros lo acompañó toda su vida.
Sin embargo, nunca dio real cuenta de esta ecuación que rige el mundo moderno. Su vacuo análisis y su eterna ambición lo llevaron a la idea de sistematizar un plan que lo alejara de los callados, de los hambrientos, de los muertos, que empobrecían su existencia.
No soñaba con un nuevo orden mundial que cumpla sus expectativas. Soñaba con la revolución dentro de su propio mundo: su entorno más cercano, familiares, amigos… todos quienes lo afectaban en forma directa en su deseo de ser uno por sobre todos los otros.
Así fue como dedicó su vida a alejar de sí a toda personalidad débil que lo rodeaba, todos aquellos a quienes dominaba a conciencia, todos quienes necesitaban de él para subsistir, ya sea por razones afectivas o económicas, todos fueron siendo eliminados poco a poco.
Baco era un hombre de una determinación admirable, nunca dudó de sus propósitos, ni de sus medios. Y así fue como en poco tiempo vio realizada su obra. Ya no había gente a su alrededor que le obedeciese sumisamente, ya nadie cerca suyo dependía de él para seguir el curso normal de su existencia, su objetivo se había logrado a la perfección y se sintió más uno que nunca.
Fue en el mes de Octubre cuando recostado en el sillón de su despacho, pensando en su plan inicial, se dijo a sí mismo que ya no había más que hacer. Sólo se encontraba rodeado de gente superior, de gente con la autoridad para dirigírsele sin titubeos ni vacilaciones. Su vida era perfecta. Fue entonces que su jefe abrió la puerta y le ordenó una simple tarea a la que Baco accedió gratamente. Se dispuso a hacerla pero algo dentro suyo no lo dejó, su vida tan perfecta le gritaba desde el alma su descontento. Hace tiempo que no hablaba, que no comía, que no vivía. Lentamente se había convertido en uno de los otros. La desesperación de la razón lo invadió en plenitud rogándole que termine su plan que ya creía concluso.
Baco era un hombre de una determinación admirable. Se acercó a la ventana abierta que daba a la calle desde el séptimo piso y miró hacia los tantos unos y otros que iban por la vereda. Todos los callados, los hambrientos, los muertos, debían ser eliminados. Dejó que el peso de su cuerpo ceda a la gravedad, y así fue.

La Condena de Caín

lunes, 21 de septiembre de 2009

Remo - Capítulo 3

Conozco a Remo desde que éramos pibes. Allá, en la escuela esa privada que nos mandaron los viejos, lo conocí. Buen tipo, buena gente, Remo. Muy responsable, muy educado. Por ese entonces todavía teníamos tiempo para mandarnos alguna, igual. Después de clase, cada tanto, en vez de irnos derecho para casa, nos mandábamos para las vías y le pintábamos la cabina al vigilante de la esquina. ¡Las veces que nos habrá corrido el viejo! Nunca nos alcanzó, por suerte. Ni me imagino lo que me habrían hecho mis viejos si se enteraban. Y los de Remo, mejor ni pensarlo. Pobre flaco, con los viejos que tenía.
Pero el tiempo pasa, ¿viste? Y ya para quinto año, pasar las materias estaba jodido. Remo era un buen alumno, siempre le importó sacar buenas notas, ya no quería meterse en kilombos. Así, poco a poco fuimos cancelando las tardes de bandalismo hasta que quedaron en el olvido. ¿Qué le vamos a hacer? No se es joven por siempre.
Cuando terminamos el colegio, Remo fue a la universidad. Yo no, una cuenta pendiente que tengo. Igual, no perdimos contacto, eh. Las charlas no eran las mismas, yo empecé a tener otros amigos, pero no nos olvidábamos del otro.
Después Remo se casó con una piba que conoció ahí en la Facultad. Linda mina, ningún boludo Remo. Siempre tuvo su pinta. Al rato, dos pibes ya tenían; así que tuvieron que ponerse a laburar mucho los dos para seguir con el nivel de vida que tenían.
Igual cada tanto nos veíamos. Ya no como antes, cada uno tenía su familia, sus cosas, pero siempre lo vi bien. Bien empilchado, buen laburo, todo un señor. Un montón trabajaba este Remo. Se que no tenía muchos otros amigos, pero el tiempo no le daba; era un tipo exitoso en lo que hacía: algo de manejo de personal en una empresa de esas con edificios enormes, de oficinas más caras que mi casa. Un tipo de mundo, este Remo.
Un día nos juntamos a tomar un café y se me dio por endulzarlo un poco. Se lo merecía. Si lo que tiene, bien ganado que lo tiene. Le reconocí que algo de envidia le tenía. Él con esa ropa de marca, esa vida de gente bien, la familia que tan bien la tenía cuidada, tantos proyectos importantes… Y yo… yo todavía en la mía, con mi jermu, mis pibes. Bien, ¿viste? Pero no me sobraba nada. Con el futuro en el aire, digamos. Nada que ver con Remo; si hasta tenía alquilada una parcela ahí en chacarita...
Me miraba raro esa tarde Remo. Cuánto más le hablaba de su vida, más serio se me ponía. Entonces le cambié de tema. Lo golpeo en el hombro y en un ataque de nostalgia le digo “Remo, ¿te acordás cuando íbamos a pintarle la casilla al vigilante del barrio? ¿Hace cuánto que no hacés alguna locura como esa? ¿Te acordás?”.
Ni me respondió. Ni me miró. Se paró y se fue. Si hasta se dejó el saco en la silla… Lo iba a frenar, pero estaba raro ese día así que no me quise meter.
La verdad, a Remo no lo vi nunca más. No volví a escuchar de él, ni me contestó el teléfono, nada. Pero bue… no se es joven por siempre. Buen tipo, buena gente, Remo. Muy responsable, muy educado…

La Condena de Caín