Yo creía que el alma me había sido dada para gozar de las bellezas del mundo, la luz de la luna sobre la anaranjada cresta de una nube, y la gota de rocío temblando encima de una rosa. Más cuando fui pequeño creí siempre que la vida reservaba para mí un acontecimiento sublime y hermoso. Pero a medida que examinaba la vida de los otros hombres, descubrí que vivían aburridos, como si habitaran en un país siempre lluvioso, donde los rayos de la lluvia, les dejaran en el fondo de las pupilas, tabiques de agua que les deformaban la visión de las cosas. Y comprendí que las almas se movían en la tierra, como los peces prisioneros en un acuario. Al otro lado de los verdinosos muros de vidrio estaba la hermosa vida cantante y altísima, donde todo sería distinto, fuerte, y múltiple, y donde los seres nuevos de una creación más perfecta, con sus bellos cuerpos saltarían en una atmósfera elástica. -Entonces le decía:- Es inútil, tengo que escaparme de la tierra.
"Los siete locos" - Roberto Arlt (escritor argentino 1900 - 1942)
miércoles, 28 de enero de 2009
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Qué cansador es ser siempre uno mismo
Una vez más la terquedad de lo cotidiano me asfixia. Agotado por el vértigo del pensar, las preguntas que respondo parecen una y otra vez caer como frutos de un mismo árbol. Qué cansador es ser siempre uno mismo.
El espejo, cruel en su perfección, logra desilusionarme día a día en la repetición de lo que espero sea una agradable sorpresa, destacando redundantemente la belleza de todo lo nuevo en este estado.
Ya me es imposible negarme a la pasividad del no-progreso; de un no-progreso indestructible con el mero esfuerzo insaciable del narcisismo de mi soledad. La búsqueda debe superarme. De cualquier otra forma, mañana despertaré con la misma y rutinaria sensación de no tener nada nuevo que ofrecer.
Hoy lo veo, hoy abro el espectro, hoy rompo con toda estructura conocida que me condiciona a pensar como ayer, como siempre. Pero entonces... entonces vuelvo a dudar de esto que hoy mismo proclamo... Otra vez el vértigo; este maldito amigo que me desestabiliza, que trae a la luz mis peores inseguridades desde lo profundo y oscuro de mi seguridad. Otra vez el vértigo; este cruel compañero que representa la única esperanza que me queda, la única certeza que confirma mi identidad: mañana, ya no seré el de ayer.
La Condena de Caín
El espejo, cruel en su perfección, logra desilusionarme día a día en la repetición de lo que espero sea una agradable sorpresa, destacando redundantemente la belleza de todo lo nuevo en este estado.
Ya me es imposible negarme a la pasividad del no-progreso; de un no-progreso indestructible con el mero esfuerzo insaciable del narcisismo de mi soledad. La búsqueda debe superarme. De cualquier otra forma, mañana despertaré con la misma y rutinaria sensación de no tener nada nuevo que ofrecer.
Hoy lo veo, hoy abro el espectro, hoy rompo con toda estructura conocida que me condiciona a pensar como ayer, como siempre. Pero entonces... entonces vuelvo a dudar de esto que hoy mismo proclamo... Otra vez el vértigo; este maldito amigo que me desestabiliza, que trae a la luz mis peores inseguridades desde lo profundo y oscuro de mi seguridad. Otra vez el vértigo; este cruel compañero que representa la única esperanza que me queda, la única certeza que confirma mi identidad: mañana, ya no seré el de ayer.
La Condena de Caín
lunes, 24 de noviembre de 2008
Sobre el aburrimiento
(...)Entre estos frenéticos ataques de aburrimiento me preguntaba, de cuando en cuando, si no era que deseaba morirme; pregunta razonable, pues vivir me disgustaba tan profundamente. Pero entonces, no sin estupor, advertía que si bien no me agradaba vivir tampoco quería morir. Así, las alternativas acopladas que, como en un ballet funesto, desfilaban por mi mente no se detenían ni siquiera ante la elección extrema entre la vida y la muerte. En realidad, como algunas veces pensaba, no era que quisiera morirme; lo que quería era no seguir viviendo del modo en que vivía.
Extracto de "El aburrimiento" - Alberto Moravia (escritor italiano 1907-1990)
Extracto de "El aburrimiento" - Alberto Moravia (escritor italiano 1907-1990)
martes, 11 de noviembre de 2008
La ciudad perdida
Luego del terremoto,
del diluvio extraordinario,
bajo el agua, rezagado,
veo que mi horizonte se desplaza a medida que voy nadando.
Dolorido, casi ahogado, me pregunto
- ¿Qué quedó del humo?
¿de las ruinas de la "civilización"?
¡Era todo tan hermoso!
(condescendiente con mi espíritu siniestro)
Recuerdo la ciudad devastada.
Aquella belleza del infierno,
todo deseable, nada satisfactorio.
La tragedia la ibamos perdiendo... y éramos felices..
Construimos todo bajo asesinatos cotidianos
y en nuestras propias mentes complejas
llevábamos la ruptura...
Sonidos anónimos, alcohol, amor...
No ganábamos ni perdíamos, destruíamos.
Extraño esa resaca de persianas bajas.
¡Quiero mi Ribotril!
¡Mi bendito insomnio económico!
Vivíamos sin errores,
embriagados por la vida silenciosa
de la soledad multitudinaria.
En aquel mundo, nuestras realidades se volvian objetivas.
Extraño todo..
Necesito más catástrofes, festejos...
Nado en un líquido que no me engaña,
y de repente... -¡Puedo volver a escribir, como pensamiento indisciplinado!-
Pero no logro entender. Me pregunto
¿Qué me pasa?
¿Respiro otro oxígeno? ¿mi físico sufre??
Existir, ¿me sigue pareciendo algo fatídico?
Mi memoria tiembla
diapositivas de esa ola gigante, tragándome
rápida, lastimosa...
pero aliviándome a la vez.
De a poco grito: - ¡está predominando nuevamente mi forma humana!-
Me pervierto, asumo mi justa soberbia.
Angustiado, me salvo, escapo...
Mis pulsaciones van más rápido que mi propio ser.
Mi presión no es la normal, siento latidos acelerados.
A punto de hacerme polvo de mis palabras
grito :¡el tiempo ya no es una trampa...!
Que yo sepa, no voy a volver a mi cárcel...
(pero todo lo demás que suceda, no es ya culpa mía)
La Condena de Caín
del diluvio extraordinario,
bajo el agua, rezagado,
veo que mi horizonte se desplaza a medida que voy nadando.
Dolorido, casi ahogado, me pregunto
- ¿Qué quedó del humo?
¿de las ruinas de la "civilización"?
¡Era todo tan hermoso!
(condescendiente con mi espíritu siniestro)
Recuerdo la ciudad devastada.
Aquella belleza del infierno,
todo deseable, nada satisfactorio.
La tragedia la ibamos perdiendo... y éramos felices..
Construimos todo bajo asesinatos cotidianos
y en nuestras propias mentes complejas
llevábamos la ruptura...
Sonidos anónimos, alcohol, amor...
No ganábamos ni perdíamos, destruíamos.
Extraño esa resaca de persianas bajas.
¡Quiero mi Ribotril!
¡Mi bendito insomnio económico!
Vivíamos sin errores,
embriagados por la vida silenciosa
de la soledad multitudinaria.
En aquel mundo, nuestras realidades se volvian objetivas.
Extraño todo..
Necesito más catástrofes, festejos...
Nado en un líquido que no me engaña,
y de repente... -¡Puedo volver a escribir, como pensamiento indisciplinado!-
Pero no logro entender. Me pregunto
¿Qué me pasa?
¿Respiro otro oxígeno? ¿mi físico sufre??
Existir, ¿me sigue pareciendo algo fatídico?
Mi memoria tiembla
diapositivas de esa ola gigante, tragándome
rápida, lastimosa...
pero aliviándome a la vez.
De a poco grito: - ¡está predominando nuevamente mi forma humana!-
Me pervierto, asumo mi justa soberbia.
Angustiado, me salvo, escapo...
Mis pulsaciones van más rápido que mi propio ser.
Mi presión no es la normal, siento latidos acelerados.
A punto de hacerme polvo de mis palabras
grito :¡el tiempo ya no es una trampa...!
Que yo sepa, no voy a volver a mi cárcel...
(pero todo lo demás que suceda, no es ya culpa mía)
La Condena de Caín
lunes, 20 de octubre de 2008
La búsqueda de lo intolerado
Esa mañana desperté con ganas de gritar pero ya no me acordaba cómo. ¿Hace tanto tiempo fue la última vez? En las últimas semanas, los últimos meses, años, había estado debatiendo, discutiendo; había repetido ideas que rondaban mi cabeza con moderadas diferencias que mi moral me mentía como radicales. ¡Pero hace cuánto que no gritaba! Simplemente no recordaba cómo. Fueron estas ganas las que me hicieron ver que hasta entonces no había pensado en un cambio serio, en un cambio tan profundo que realmente me perjudicase. Los debates, discusiones, su acumulación, llevan a ese cambio. Pero necesariamente deben estallar en un grito que lo proclame. En ese grito que ya se me confunde y no estoy seguro de alguna vez haber pronunciado."El mecanismo más eficaz para el control del pensamiento en las
sociedades
democráticas consiste en la limitación de lo pensable, que se
logra por medio de
la tolerancia del debate, incluso del fomento del mismo,
aunque sólo sea dentro
de límites adecuados" – Noam Chomsky
Ya hace mucho tiempo de esa mañana. Todavía no aprendí a gritar. Sin embargo, desde entonces, mi búsqueda finalmente fue sincera. Finalmente comprendí que mi grito se encuentra encerrado detrás de los límites de todo lo “bueno” y “sano” que rige la sociedad. Hoy, el realmente estar buscando ese cambio, el saber que lo deseo profundamente y no como una máscara que me proteja de mi mismo, es lo que me empuja, irreversiblemente, a la búsqueda de lo intolerado.
La Condena de Caín
jueves, 2 de octubre de 2008
(...) El resultado es una suerte de generalizado relativismo ideológico y filosófico: las ideas y las representaciones, como las mercancías, no son ni buena ni malas en sí mismas, sino que se colocan mejor en el mercado según la ley de oferta y la demanda. Así queda bloqueada toda posibilidad de determinar una jerarquía de legitimidades, y mucho menos una legitimidad última, una imagen universalmente válida de la verdad sobre el mundo o la sociedad. Esto tiene un aspecto sumamente positivo en tanto impide la absolutización del pensamiento y el dogmatismo sustancialista. Pero desgraciadamente, este es un aspecto muy subsidiario: lo dominante es que el mencionado relativismo impide la construcción de ideas de legitimación alternativas a las ya existentes en un mercado saturado; paradójicamente, la legitimación ideológica del postmodernismo consiste en que no hay ideas completamente legítimas: en un mundo sin más fundamento que la libre circulación de las ideas-mercancias en el mercado, sólo es posible juzgar por la eficacia de los resultados (las mejores mercancias son, como se sabe, las que mas se venden) y no por la consistencia de esas ideas para construir interpretaciones - por lo tanto modificaciones- de la realidad. El pragmatismo del pensamiento sustituye, en estas condiciones, al pensamiento crítico que procura analizar en profundidad y con lucidez los malestares de la cultura y la sociedad, y el sometimiento conformista a las hipnotizantes imágenes fragmentadas de los medios de comunicación sustituye a la reflexión y a la duda metafísica sobre las imperfecciones del mundo.
Fragmento de "Las Formas de la Espada"
Eduardo Gruner (sociólogo argentino)
Fragmento de "Las Formas de la Espada"
Eduardo Gruner (sociólogo argentino)
lunes, 8 de septiembre de 2008
El hombre civilizado
La fantasía de que otro hombre (un hombre sabio, un hombre justo y honesto) proteja nuestro sueño de pesadillas intrometidas, ronda constantemente la realidad de depender de otros para disfrutar nuestra humana "libertad".
La civilización, como oposición a la barbarie, le da al hombre una condición social más adecuada al momento histórico dado o, siendo más generosos con el término, un supuesto mayor respeto por los intereses del resto de las personas.
La duda surge a partir de cómo se imponen estas reglas que rigen las sociedades más civilizadas. Si bien están dispuestas a lidiar con una visión del hombre como lobo de sí mismo, arrastran implícitamente un concepto deshumanizador que usualmente es ignorado.
No quedan dudas que la organización social es una necesidad del conjunto de la población para poder convivir. Con este objetivo, se limitan instintos naturales del hombre "salvaje". Tal vez el conflicto comienza cuando en pos de este objetivo, se torna más importante la deshumanización planteada que el concepto inicialmente expuesto, con lo cual se llega a plantear la duda de si el hombre civilizado no solamente es una auténtica y sincera representación en sí, sino si durante su concepción se ganó más respeto "democrático" de lo que se perdió en libertad individual.
Detrás de este análisis, no se encuentran, sean compartidas o no, ideas de organización social anárquicas.
Se trata de entender en qué nos basamos para tomar ciertas decisiones individuales que muchas veces atienden más a formas socialmente correctas que a sinceras representaciones de nuestras ideas y/o sentimientos.
En nombre del respeto al prójimo hemos históricamente justificado actos cobardes, opiniones tibias o posturas de nulo valor crítico.
En consecuencia no es en vano alentar hoy, sin despreciar la evolución lograda por el ser humano en el transcurso de la historia, la lucha por que la civilización no deshumanice al hombre.
La Condena de Caín
La civilización, como oposición a la barbarie, le da al hombre una condición social más adecuada al momento histórico dado o, siendo más generosos con el término, un supuesto mayor respeto por los intereses del resto de las personas.
La duda surge a partir de cómo se imponen estas reglas que rigen las sociedades más civilizadas. Si bien están dispuestas a lidiar con una visión del hombre como lobo de sí mismo, arrastran implícitamente un concepto deshumanizador que usualmente es ignorado.
No quedan dudas que la organización social es una necesidad del conjunto de la población para poder convivir. Con este objetivo, se limitan instintos naturales del hombre "salvaje". Tal vez el conflicto comienza cuando en pos de este objetivo, se torna más importante la deshumanización planteada que el concepto inicialmente expuesto, con lo cual se llega a plantear la duda de si el hombre civilizado no solamente es una auténtica y sincera representación en sí, sino si durante su concepción se ganó más respeto "democrático" de lo que se perdió en libertad individual.
Detrás de este análisis, no se encuentran, sean compartidas o no, ideas de organización social anárquicas.
Se trata de entender en qué nos basamos para tomar ciertas decisiones individuales que muchas veces atienden más a formas socialmente correctas que a sinceras representaciones de nuestras ideas y/o sentimientos.
En nombre del respeto al prójimo hemos históricamente justificado actos cobardes, opiniones tibias o posturas de nulo valor crítico.
En consecuencia no es en vano alentar hoy, sin despreciar la evolución lograda por el ser humano en el transcurso de la historia, la lucha por que la civilización no deshumanice al hombre.
La Condena de Caín
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